1. Origen, territorio, atribuciones y estructura

1.1. ORIGEN
Nació con el nombre de Real Academia de Medicina y Cirugía de Santiago de Compostela al mismo tiempo y en pie de igualdad con otras nueve instaladas en Madrid, Valladolid, Sevilla, Cádiz, Granada, Valencia, Barcelona, Zaragoza y Palma de Mallorca, en virtud de un Real Decreto de D. Fernando VII fechado el 28-VIII-1827. Se instaló en Santiago el 7-IV-1831.

1.2. TERRITORIO
Sujetas, tales Academias, a la “Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía”, se les atribuía un territorio propio de actuación que comprendía, en el caso de la que nos ocupa, Galicia y Asturias.

1.3. ATRIBUCIONES
El nacimiento de las citadas Academias representó la primera tentativa seria para organizar, de manera global, el devenir de la Medicina en aquel momento como demuestra la cantidad y calidad de las atribuciones que les fueron encomendadas, a saber:

Impartir determinadas enseñanzas útiles a la “ciencia de curar” (Matemáticas, Física experimental, Botánica); favorecer los progresos de la medicina estimulando su investigación; publicar trabajos científicos: preferentemente sobre “Bibliografía Médico-Quirúrgica”, “Topografía médica”, etc., en su aplicación española; mantener correspondencia con otras Academias médicas nacionales y extranjeras; formar una Biblioteca propia; ocuparse de la salud pública (epidemias; vacunación antivariólica); perseguir el intrusismo médico-quirúrgico; supervisión de medicamentos; asesorar, a los jueces, en asuntos médico-legales; etc.; velar por la “Policía de la Facultad” (elaboración de censos de los profesionales sanitarios; control de titulaciones; realización de los exámenes del “grado de bachiller” en Medicina y de las parteras; participación en las “Juntas de Sanidad del Reino”); participar en los tribunales de oposición para médicos directores de establecimientos hidrotermales, etc.

1.4. ESTRUCTURA
Presididas estas Academias por la “Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía”, que delegaba sus funciones en el Capitán General de las regiones que lo tenían, como era el caso de Galicia, se estructuraron en los tres niveles siguientes:

- Los académicos numerarios (pertenecían a esta clase, de manera “nata”, los catedráticos de los Reales Colegios de Medicina y Cirugía y los de Medicina de las Reales Universidades; otros eran propuestos y votados entre los profesionales de la “ciencia de curar”, más prestigiosos), académicos agregados y académicos correspondientes eligiéndose, de entre los primeros a quienes debían desempeñar los cargos de gobierno, que eran:

. Vicepresidente, que de ordinario actuaba como Presidente “en funciones” pues, como se dijo arriba, la Academia estaba presidida por el Capitán General. El primero que ostentó este cargo fue D. Juan de Barcia y Ávila La Cueva.
. Secretarios, uno “de gobierno” y otro “de correspondencias extrangeras” y
. Bibliotecario- archivero.


- Sesiones y comisiones. Las cuestiones se estudiaban en sesiones o juntas, “literarias” (donde se trataban asuntos científicos) y “de gobierno” (en que se veían y dilucidaban los asuntos referentes al control sanitario y las cuestiones de la propia Institución) tanto ordinarias como extraordinarias celebradas, aquellas, con periodicidad quincenal, habitualmente. Existían Comisiones especializadas para el mejor tratamiento de los problemas que se planteaban. Su número y denominación varió, a lo largo del tiempo, bajo el influjo de los cambios de aquellos: así, por poner un ejemplo, diremos que en 1 de enero de 1833, existían seis “Comisiones permanentes”:

. de Sanidad o Higiene Pública
. de Policía de la facultad
. de Topografías
. de Vacunación
. de Aguas minerales y
. de Subdelegaciones”.

- Subdelegaciones. El territorio asignado a cada Academia estaba dividido en “Subdelegaciones” que correspondían a los “partidos judiciales”. De ellas eran responsables los académicos agregados o “Subdelegados” (podía haber hasta dos en cada, uno para el “ramo” de Medicina y otro para el de Cirugía, que en tiempos pasados correspondían a titulaciones diferentes) a los que se consideraba como “académicos agregados”. Buenos conocedores de la problemática de su Subdelegación eran, en ella, los “ojos y oídos” de la Academia comunicándole, por escrito, todas las irregularidades que detectaban y esperando, para ejecutarlo, lo que para resolverlas decidía aquella en sus “Juntas de Gobierno”.

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